Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo;
¿cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?

Detente con nosotros,
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino;
¿cómo sabremos que eres un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?

Quédate con nosotros,
Señor de la esperanza,
el mundo que tú amas
hoy lucha por vivir;
y aunque a veces dudamos de tu presencia,
tú nunca dejas de venir.

Quédate con nosotros,
la noche está cayendo;
¿cómo seguir andando
si no estás junto a nosotros?
Quédate, Señor.